viernes, 5 de agosto de 2016

Opinion / Lo que hace felices a los pereiranos. Por: Alberto Verón.

A los habitantes de París les hace felices la tradición artística de su ciudad, así como a los ciudadanos de  Rio de Janeiro, que la suya sea la ciudad de los carnavales y los habitantes de Amsterdam suelen hacer referencia  a sus canales acuáticos ¿Pero que hace felices a las personas en la ciudad de Pereira? No tenemos un mar para los turistas, ni una historia colonial prolongada poblada de ruinas atractivas,  en cambio considero   que  a los habitantes de Pereira  nos  hace felices   tenerlo todo cerca. Esa es una motivación para afrontar el día a día de los  embotellamientos, de la precariedad  e informalidad laboral para los jóvenes, de lo costosa que económicamente puede resultar la existencia.

Si deseo asistir a un cine-club puedo llegar desde mi casa, caminando en 10 minutos, no sin antes saludar a algún vecino o en cuestión de  cinco calles estar junto a la mujer amada. Los forasteros observan algo bien particular en nuestra forma de hablar: el uso de adverbios como “allí” , “aquí” reemplazan  otras maneras de ubicarse espacialmente en el mundo.  Esos adverbios denotan algo importante  y es la proximidad. El  citadino de Pereira es alguien próximo, una presencia cercana. Pues  así como la mayor parte de los referentes culturales y religiosos  están  integrados en Pereira  al universo de la cercanía, de la vecindad, así también la proximidad  permite que en una sola salida a las calles de la ciudad,  sea posible que saludemos a un número amplio de conocidos. 


No sé durante cuantos años pueda ser Pereira la  ciudad que todo lo tiene cerca: cerca están Manizales y Armenia; cerca se encuentra el río Otún de la vereda Mundo Nuevo. Pero cerca está también la marginalidad que crece más y más en los barrios de las afueras:  junto al Aeropuerto, en la zona de canceles. Si somos la ciudad que  “lo tiene todo”, somos también aquella  que lo tiene todo cerca, lo mejor y lo peor. Eso hace que a cada instante, todos los días, pasemos  de la alegría a la mayor angustia pues la cercanía nos hace contemplar la tragedia de manera más cercana.

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