sábado, 30 de julio de 2016

Opinion / Un mensaje de Cracovia. Por: Alberto Antonio Verón Ospina

¿Cuál es el mensaje del papa? En su discurso ante las autoridades de Polonia el papa ha hablado durante cinco veces de la memoria y de la historia.   No es casual que lo haga en esa nación centro-europea donde la cultura de la memoria cumplió papel central  ante la historia, debido a la capacidad de ese pueblo para defender un pasado rico en diversidad, en arte, pero también en sufrimiento.

Confieso que si volviera a pertenecer a un religión, lo haría en la  de mi madre católica, y esto en parte debido a la esperanza que ha despertado en mí este obispo argentino que luego de la valiente lección de Benedicto XVI de renunciar a su poder,  asumió las banderas de esa milenaria institución.

El Papa Francisco I habló de una  memoria buena y una memoria negativa. Una memoria negativa, es aquella que  fija sus ojos en el mal, en el odio, que estimula la imposibilidad del perdón entre las víctimas y los sobrevivientes. Los polacos en cambio han defendido una memoria buena según Bergoglio, centrada en el perdón, en la capacidad de volver a hacer un diálogo entre la iglesia católica y la iglesia alemana

La memoria buena crece a partir del diálogo, lo contrario a una memoria negativa que cierre esa esperanza. La anexión violenta que hizo de su territorio Hitler, el horror de destruir  allí gran parte de la  comunidad judía – recordemos Auschwitz, Cracovia- fueron fenómenos asumidos con todo su traumatismo y peso  por los gobiernos y sociedades comunistas o postcomunistas.

Polonia es un escenario clave del siglo XX para entender las migraciones de hoy, la perdida de su territorio, su nación, la desprotección de millones de personas que por la pobreza y por la guerra atraviesan  no solo África, Asia, o América del Sur, sino también Europa.

El prójimo del siglo XXI es el próximo que ha sido desplazado y busca refugio de las políticas que convierten a los seres humanos en medios para propósitos económicos. De allí que el discurso del papa ante las autoridades de ese país reivindique la necesidad de que los gobiernos estén al servicio del bien común y no al servicio de las alianzas entre los intereses del poder público con los intereses privados, algo que practican los más altos gobiernos de las naciones, de las corporaciones financieras, de las universidades, etc., etc., etc. Todos los poderes de la tierra al servicio de la memoria mala.


Por eso su visita a Cracovia, esa ciudad  donde 60 años atrás, a través de un estado se ejerció el  “mal radical” contra un pueblo, es un mensaje a quienes hoy siguen estimulando los campos de guerra, de exterminio, de destrucción civil, no en un solo lugar de la tierra, sino en el planeta entero. El mensaje escondido y esperado, desde ese punto estratégico de la historia moderna que es Europa dice: las máscaras han caído, el primer mundo también ha naufragado, o como lo dice el papa Francisco: estamos en una guerra a pedazos, pero existe la memoria.

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