domingo, 31 de julio de 2016

Opinion / Hablan pero no escuchan. Por: Carlos Victoria

Regularmente los gobiernos hablan, vociferan y gritan. Hablan hasta por los codos. Declaraciones, comunicados, boletines, comunicadores, programas de televisión y radio van y vienen. Copan todos los espacios de la vida cotidiana. Siempre están diciendo cosas. Creámoslo o no, esta retórica solo da la sensación que están gobernando. Palabras y palabras cargadas de sentido o sin-sentido –no importa- legitiman su actuación.

 Sin embargo los gobernantes raramente escuchan. Ni siquiera a sus subordinados. Les da temor escénico. Últimamente en la comarca han resuelto rodearse de áulicos. De personajillos a quienes gritan y pagan para que obedezcan. De la nada salen asesores de imagen. Seres que vienen del ultramundo estético, siempre dispuestos a embadurnar a su marioneta con pócimas mágicas. Falaces.

¿A cambio que tenemos por estos días?. Miles de jóvenes estudiantes de las secundarias de Pereira y Dosquebradas marchando por las calles de ambos municipios protestando, exigiendo y dejándose oír. Le dicen a sus alcaldes que los colegios se están cayendo, que la comida es mala y que no les nombran profesores. Piden respeto. Es la voz juvenil en la calle ante los oídos sordos de los oidores elegidos para que resuelvan los asuntos públicos.

¿A que viene todo esto? A que a los gobiernos les importa muy poco lo que esté pasando afuera de sus despachos. A que hay unas realidades sociales criticas que prefieren silenciar o no escuchar, y que son sepultadas por la declaración, la retórica, el comunicado y la negación seudoargumentada. Y como no escuchan la gente vuelve a la calle, allí donde históricamente la voz de la comunidad domina la escena.

 Como ven no hay cultura del diálogo. Lo más elemental en toda comunicación humana. Mientras el gobierno habla hasta por los codos, la gente pide que la escuchen. Todo esto indica que la politica de comunicaciones de las alcaldías están ancladas en criterios anacrónicos. Siguen sin comprender que la democracia se construye con palabras. Pero no para manipular sino para profundizarla. Sigan protestando haber si escuchan y los gobernantes dejan de hablar paja.

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