miércoles, 24 de abril de 2013

Es la nueva voz que tiembla


Por: Diego A. Vélez
¿Quién puede anticiparse al efecto que provoca la reunión de un hombre y otro hombre? ¿Quién las infinitas causas que  a través del tiempo provocan el encuentro de uno y otro? Uno no llegaría a imaginarse, no podría suponerlo, que una ciudad como Pereira, en un preadolescente siglo hijo de un siglo cruel e interminable, reuniera a un grupo tan desigual de hombres y mujeres bajo una misma intención, un mismo oficio, un mismo arte: la literatura.

(Izq.) Juan Manuel Ramírez Rave, Yorlady Ruiz, Freddy Alan Gonzáles, la directora del Instituto de Cultura de Pereira Adriana Vallejo de la Pava y Jairo Henao

Luego de muchos años de escritura pereirana, hoy parece haber una honda preocupación de académicos, escritores y gestores por recuperar la memoria literaria de Pereira y, en general, del Gran Caldas. Hoy como nunca se estudia y se investiga la producción literaria de la región y se pretende, unas veces con ingenuidad y otras con fortuna, darle el justo valor a obras que durante años han estado ocultas en los anaqueles de inciertas bibliotecas.

Hay que aceptar que “el valor literario” de muchas de estas obras, históricas y ya tradicionales en la literatura pereirana, es mínimo. Algunos dirían, de hecho, que no merecen ser leídas. Sin embargo, cada una de ellas expresa una visión del mundo herida por la luz de esta ciudad, Pereira ¿Cómo ignorar entonces las voces que edificaron la ciudad? La validez y necesidad de tales trabajos es innegable.

A esas voces se han sumado otras, nuevas formas de ver y de decir que contaron con la fortuna de un camino allanado, con la simple fortuna de que algunos superaron el olvido y, ahora, todo es memoria. Así es como obras como la de Juan Manuel Ramírez Rave, Freddy Alan Gonzáles, Yorlady Ruiz y Jairo Henao, ganadores de la “Convocatoria Colección de escritores pereiranos 2012”, han alcanzado escenarios que hace algunos años eran imposibles para un escritor local: ahora hacen parte de la literatura nacional. Este grupo constituye una parte, tal vez la más visible, de una generación de escritores que son, directa o indirectamente, producto de una generación anterior que hoy ocupa las academias de literatura y los centros culturales donde los nuevos escritores de la región se han formado. También hacen parte de esta generación Andrés Galeano (Poesía Suicida para no matarse), Carolina Hidalgo (De este lado de las cosas), Jaiber Ladino Guapacha (Las aventuras del barranquero) y algunos otros cuya huella aún se está dibujando.

Juan M. Ramírez Rave
La obra de Juan Manuel Ramírez Rave, Esa delgada luz que es el silencio, explora con minucia la parte más difícil de la palabra, el silencio. Traza un recorrido por la poética de lo no dicho en cuatro autores latinoamericanos: Sor Juana Inés de la Cruz, Juan Rulfo, Jorge Carrera Andrade y Jorge Luis Borges. El autor consigue probar que, en muchas ocasiones, la forma más importante de lo dicho es el silencio.

Freddy Alan Gonzáles
Anónimos, la novela de Freddy Alan Gonzáles, expone una nueva visión de la ciudad y del exilio cotidiano. Renueva las preocupaciones de lo urbano y manifiesta una postura muy personal acerca de las relaciones que se tejen entre los individuos. Una novela que opta por la plasticidad de la palabra sobre el sentido de la misma, por la imagen antes que el relato, por el esbozo en lugar de la historia concreta. Explora nuevas formas de la narración que operan atadas a la movilidad y heterogeneidad de lo posmoderno.

Yorlady Ruiz
Yorlady Ruiz, por su parte, establece un diálogo directo con la tradición de la poesía colombiana y, al mismo tiempo, revela en su obra, Diarios íntimos, la originalidad de una voz que se ha construido en diferentes escenarios y que ha madurado durante veintisiete años, todo para pronunciar la palabra exacta, esa que a veces revela melancolía, otras alegría, y algunas otras pasión, amor y olvido. Poesía atada la belleza existente en la cotidianidad.

Jairo Henao
Finalmente, Jairo Henao, se acoda en la oralidad para revelar la naturaleza cruel y paradójica de los nuevos centros de interacción social. A través de un lenguaje simple, a veces prosaico y elemental, da cuenta de la forma en que se tejen las vidas de “las gentes” que transitan a diario por el “universo del centro comercial”.

Todos ellos, hombres y mujeres que la causalidad ha reunido en una misma ciudad, bajo una misma intención, un mismo oficio y un mismo arte, son  la nueva voz que tiembla. El tiempo (y la literatura) se encargará de valorar estas obras y darles a cada una su lugar; por lo pronto se suman a una difícil y abrumada tradición, de la cual constituyen, hoy, la punta visible de un enorme iceberg. 

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