Monumento / Circunvalar
Arte con identidad
Los espacios
cambian de vocación, estos espacios tienen que servir para revisar estos
discursos, pero se sigue pensando que ahí está la identidad nuestra. ¿En el
llamado Prometeo está nuestra identidad?
En una ciudad
existe tal cantidad de monumentos como personajes de la cultura popular. Los
hay cabezones, por supuesto, los bustos; abstractos, aquellos que solo sus
creadores entienden (alegóricos para ser más precisos) y conmemorativos, esos
que generan nostalgia en quienes los visitan o remembranzas en quienes los
vieron nacer.
Ciudad que se
respete tiene sus monumentos populares, otros no tan conocidos y unos cuantos
erigidos a la sombra del olvido. En esta oportunidad, cuatro ciudadanos quisieron
compartir sus opiniones desde diferentes campos del conocimiento, sobre uno de
los monumentos emblemáticos de Pereira: el Monumento a los Fundadores, más
conocido como el Prometeo de la avenida Circunvalar. Ellos son, Jaime Ochoa, miembro
de la Academia de Historia; Margarita Calle, directora de la maestría en
Estética de la Universidad Tecnológica de Pereira; Edgar Salomón Cruz, adscrito
a la Sociedad Colombiana de Arquitectos y Eduardo Patiño, historiador, quienes aceptaron
tomarse un café para hablar sobre el conocido monumento.
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No se están haciendo las cosas con calidad. Todo debe tener una identidad. |
Para empezar,
surge la pregunta por el nombre de la escultura, pues para ninguno de ellos es
tan reconocido como “El Prometeo”. Jaime Ochoa toma la palabra al decir que a
veces priman los nombres populares porque se hacen cotidianos. Por su parte,
Margarita Calle habla sobre la misma concepción de la obra y se remite a la
escultórica del maestro Rodrigo Arenas, quien tenía una tendencia a proponer un
sincretismo entre las mitologías con esos relatos de la identidad que se
empezaron a crear en el momento en que se estaba construyendo la ciudad. “Al
leer esos primero textos que se crearon sobre el Prometeo y cuando se tiene la
idea de un monumento a los fundadores, se piensa como una escultura que le haga
honor a la raza, al empuje de una generación que fue capaz de concebir una idea
de un territorio, un espacio, un hábitat”.
Al observarse
el monumento en su parte lateral y en alto relieve están los fundadores. Sin
embargo, la figura prominente es el Prometeo. Margarita se pregunta entonces
por el objeto que gana relevancia en la lectura que hace el público y es
precisamente esa relación que se crea junto al relato de la tradición Greco-Quimbaya
del antiguo Caldas.
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Eduardo Patiño |
Jaime Ochoa
continúa con esta premisa y de manera enfática complementa haciendo referencia al
escultor Arenas Betancourt y la fuerza que tenía para representar sus imágenes.
“Son fuego, vida, luz, renacimiento, energía y proyección de una ciudad; es un
renacer, es darle vitalidad a una época a través, curiosamente, de un símbolo
griego, pero eso es lo que mantiene viva la memoria y que la gente se sienta afín con el monumento”.
Margarita,
tímidamente, expresa no ver el panorama tan iluminador. Entre sorbo y sorbo
replica: “me parece que justamente todo eso opaca esa mirada que es necesario
revisar. Tiene que ver con la retórica que hacemos de una obra y la incapacidad
que tenemos para ir comprendiendo esos relatos que son tan apabullantes e irlos
desmenuzando, para ver finalmente qué es lo que hay y qué tanto nos sentimos
identificados con ese objeto”.
De pronto,
como en una máquina del tiempo, tres de los cuatro personajes viajan hacia la
época dorada de los 80. Para ese entonces, el espacio donde está ubicado el Prometeo
era sumamente activo: charlas con amigos en La Rana René, citas con enamoradas,
importantes exposiciones artísticas se encontraban para hacer del monumento un
lugar de referencia. “Lastimosamente –dice Margarita, mujer inamovible por la
nostalgia– hoy es un espacio muerto y esos relatos no hablan en todas las
épocas de la misma manera para todas las generaciones”. Y ya que cada
generación tiene unos referentes distintos, la asalta la duda de cómo lograr actualizar
esos relatos para que no sea pensado como la esquina de los puestos de perros
calientes.
Espacio sin interacción
Se escucha
entonces una nueva voz en esta importante conversación. Se trata de Edgar
Salomón Cruz: “uno de los temas claves es el papel que juega el espacio, independientemente
del monumento, en cuanto al esquema de la Avenida Circunvalar”. En este caso, los
significados que ha tenido para distintas épocas, la relación espacio–ciudad
dentro del desarrollo de la misma e identificación del lugar, sirven para mirar
por qué motivo en este momento el espacio está solo y sin identidad. “Desde el
punto de vista del diseño urbano dejó de ser un gran espacio público para
convertirse en una esquina simple”, dice como quien no quiere la cosa.
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Jaime Ochoa |
Margarita
responde a su premisa argumentando que eso sucede en todos los sitios de
Pereira, en especial los parques donde hay monumentos. “Ese no es un espacio
que invite a reunirse, pero la Plaza Cívica Ciudad Victoria tampoco ya que no
hay muchos sitios dónde sentarse; aquí los espacios están vacíos, las bancas nunca
dan a las plazas sino que la mayoría miran hacia fuera. No hay nada para
interactuar”.
Para Margarita
el problema de los parques y los espacios públicos es que no han sido pensados
para el encuentro. “Y el arte que se ha hecho para el espacio, no hablo de
estas esculturas porque son monumentos que se hicieron en el 60, pero el que se
hizo después, tampoco fue un pensado para la interacción”.
El arte
público, como bien ella lo expresa, no tiene que ser permanente, pero es
fundamental la participación, es decir, tiene una función política y pública
porque es de relación y de participación. Debe ser un arte incluyente.
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Margarita Calle |
En ese
sentido, Jaime habla de una noción de arte que también se impone y aleja a las
personas de su conocimiento. “Porque es considerar que si la gente se hace
alrededor del monumento, está yendo en contra de una idea de arte, porque la
desestima, pero la obra es para contemplarse e interactuar con ella”.
Edgar retoma
la conversación, pero esta vez se trata de lo que piensan los pereiranos. “Si uno
pregunta a la gente por el Prometeo, no tienen noción del monumento, sin
embargo saben dónde queda, lo que no saben es que se trata del Monumento de los
Fundadores y allí hay una diferencia muy grande: espacio público y monumentos”.
Para ser más
precisos y lograr una conclusión, Edgar dice que la intención es generar más
espacio público y recuperar las esquinas de la ciudad, no solamente en el
centro. Pero Margarita dice una última frase que pone a reflexionar: “hay que
quitarse esa idea de que el arte tiene que ser perenne, es que si son unas
esculturas temporales será mucho más interesante y mucho más participativas
para el público”.
Identidad ciudadana
Eduardo Patiño
por fin hace presencia con un sorbo de café. Mezclando rápidamente el agua
oscura con el azúcar, responde por el impacto que tienen estas obras, que son
culto a los colonizadores y fundadores de Pereira. “La humanidad está en el
mito del héroe supuestamente desde hace 4.000 años; solo la postmodernidad
podría acabar con eso. El mito del héroe está más que en los genes colombianos
u occidentales y allí convergen relaciones de poder muy fuertes porque ¿quién
decide qué se monumentaliza y qué no, y a quién se monumentaliza, y qué ideas
son las que entran en esas concepciones de monumento?”.
La identidad
construida en el caso de los parques se quedó anclada en un momento específico.
La historia no ha ido construyendo otras nociones de identidad que tengan
relevancia y este se convierte en un discurso de nunca acabar.
Margarita
arremete: “puede haber otras maneras de construir esa noción más allá de un
monumento, porque a mí los monumentos me parecen tan impositivos”, respondiendo
con sinceridad frente al tema del arte y la identidad.
“Pues a mí me
parece que le da fuerza, presencia y personalidad a un parque”, continúa Jaime
con una sonrisa en sus labios. Pienso que los monumentos debe construirse con
la gente, una academia, un grupo selecto piensa que es necesario darle
identidad a un parque y por qué no indagar un poco en los imaginarios de la
gente. Es irse a buscar en las historias también lo que la gente recuerda, y
eso es patrimonio, así se constituye el patrimonio.
¿Cómo hacer
para recuperar ese espacio, comúnmente conocido como el Prometeo, para que la
gente se apropie de eso? Porque en este momento es un lugar inhóspito, que
expulsa, no atrae.
Margarita
explica: obedece a la imaginería de Arenas Betancourt, hay un sincretismo entre
lo criollo y lo épico, la epopeya. Es toda esa mirada Greco- Quimbaya, todo ese
discurso grandilocuente, esa construcción artificiosa de una identidad emparentada
con los griegos.
La Sociedad
Colombiana de Arquitectos, en unión con la Asociación de Ingenieros de Risaralda,
hemos venido planteando la propuesta de intervención de la avenida Circunvalar,
es como cambiar un poco el concepto de la vía y generar una intervención que
permita recuperar el espacio público, dice Edgar. “La propuesta es generar una
vía muy dentro del concepto bulevar, que puedas transitar, caminar, observar, e
indiscutiblemente eso implica el re diseño de los espacios públicos. En la cual
muy seguramente la reubicación del monumento es una de las alternativas que
hemos visto, necesariamente. Sí, desde el urbanismo son espacios que se quieren
recuperar”.
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