domingo, 25 de noviembre de 2012

Especial / Entrevista

Unido a la ciudad



Gustavo Valencia Franco

Natural de Itagüí, Antioquia, el sacerdote Gustavo Valencia Franco hizo parte del primer grupo que ordenó el entonces obispo Darío Castrillón Hoyos hace 35 años. Desde entonces ha estado muy vinculado a la vida religiosa, cultural, económica y política de la ciudad y del departamento. Fue párroco de la Catedral de La Pobreza durante 20 años, Rector de la Universidad Católica Popular de Risaralda, Capellán de la Gobernación durante el periodo de Víctor Manuel Tamayo. Actualmente es párroco de la parroquia de San Pedro Apóstol en Cerritos y Capellán de Prados de Paz.


¿Cuál es la Pereira que añora y que pudo disfrutar en el pasado?
La Pereira en la que todos nos conocíamos, cuando se salía a algún lugar o a algún evento, se podía conversar con la gente y la sentía más vecina, muy cercana. Creo que toda la gente en los barrios y comunidades añoran este tiempo en el cual el que estaba a un lado era conocido del trabajo o de la familia y él sabía quién era uno.


¿La ciudad tuvo una década floreciente en su recuerdo? ¿Por qué cree que lo fue?
La ciudad en otrora fue siempre maravillosa y acogedora, pero la década en la que transformó las edificaciones del centro, haber sacado la Galería, toda esa nueva edificación, las obras que se hicieron en la época de la doctora Martha Elena y otras alcaldías que pusieron las bases, la construcción del Megabús, la infraestructura, las nuevas superficies, pienso que todo eso le dio a Pereira otro carácter.


¿Qué lugar público extinto cree que nunca debió desaparecer?
Uno se apega a las cosas, la gente no se cansa de extrañar la estación del tranvía, hay ciudades que están bregando a recuperarlo. Es un medio de transporte que sigue siendo válido y ayuda a que las ciudades se muevan con mayor facilidad. La gente lo recuerda con mucha emoción, mucho entusiasmo. De pronto las construcciones de algunas escuelas y colegios que eran importantes en el Centro.


Mencione un personaje que haya marcado la historia de Pereira. ¿Por qué lo selecciona?
Desde la iglesia hablo del padre Antonio José Valencia, fue un símbolo de la ciudad porque logró moverla en eventos como fue la Villa Olímpica y el Aeropuerto, junto a él toda esa cantidad de líderes como don Gonzalo Vallejo, Emiliano Isaza, Salazar Robledo, Óscar Vélez, Camilo Mejía Duque y un personaje en la parte cultural que es símbolo de la ciudad y que la ciudad le debe mucho porque la engrandeció, adentro y afuera, es el gran poeta nuestro, el maestro de la raza, el autor de La Ruana, Luis Carlos González. También muchas mujeres que han sabido captar el liderazgo de la ciudad.


Hoy la ciudad tiene una dinámica propia muy particular. ¿Podría definirla en una palabra?
Progreso, desarrollo y un liderazgo de la ciudad hacia afuera.

¿La Pereira actual qué significa para usted?
 Una Pereira dinámica, entusiasta, con proyección, donde hay nuevos liderazgos, con medios de comunicación con desarrollo enorme, con desarrollo en la parte cultural que poco a poco va marcando la pauta. Tenemos ese Centro Cultural, la Banda Sinfónica que ha hecho presentaciones de 300 actores, tenemos un vacío grande en la parte deportiva sin dejar de reconocer que hay jóvenes que están dejando huella, hay cierto liderazgo político, empresarial y gremial que permiten que la ciudad se vea con liderazgo hacia el futuro.

¿Por cuál calle de Pereira le gustaría caminar con tranquilidad? ¿Por qué?
Me gustaría sentirme como en la Quinta Avenida de Nueva York, que haya una gran zona por donde se pueda caminar, no sé si algún día la séptima, la octava o algunas otras sean bulevares como los hay en España, en Italia. Los que tienen carro piensan en los trancones, pero la ciudad debe dar esa pelea como en Medellín, en Bogotá, que haya avenidas por donde la gente que le gusta caminar lo pueda hacer con tranquilidad, espacios amplios donde se pueda comercializar con más ganas.


¿Cuáles son las fortalezas de la Pereira actual?
El sector educativo. Antiguamente se decía que Pereira estaba rezagada en la educación superior, se decía que Manizales tenía ventaja, hoy no, la oferta educativa a nivel superior que tiene Pereira es bastante amplia, con una gran calidad, mucho mejor que unas ciudades vecinas. Pienso que los colegios oficiales y privados de primaria y secundaria ofrecen también buenas alternativas que nos permiten pensar que la ciudad tiene buena opción en la parte educativa.


¿Quiénes son los llamados a soñar la ciudad del futuro?
Toda la dirigencia política es la primera encargada, para eso los elegimos, para que lideren todo el progreso y el desarrollo de la ciudad, la parte gubernamental, los gremios, la sociedad civil, todos tenemos una cuota de responsabilidad. Hace falta que se abran más los espacios de participación. Aprovecho esta oportunidad con el periódico VECINOS para pedirle a la Alcaldía y a la Gobernación que haya foros para saber cuál es la gran ciudad que soñamos los pereiranos.

Se prevé el diseño de una Calle de la Fundación (calle 19). ¿Qué piensa de esa propuesta?
He visto con mucho entusiasmo esa primera parte que se hizo frente a la Gobernación, es un sueño que ojalá se pudiera cumplir, que bueno que esa calle se pudiera unir hasta arriba, como un gran bulevar, tomaríamos un parecido con las ciudades europeas que tienen avenidas que son las calles madre. Eso tiene que ser la Calle de la Fundación, la calle de encuentro, donde se pueda congregar la gente adulta.

Si en sus manos estuviera la posibilidad, ¿qué le regalaría a Pereira?
Ante todo mi amor y mi cariño, mi entrega cada día a esta ciudad en la que llevo 36 años y cada día quisiera aportarle más. Más que aportarle a la ciudad es agradecerle todo lo que me ha dado, siendo un paisa me siento muy bien en Pereira, me ha acogido, me ha dado todo y si me llamaran para darle algo a Pereira, mi mejor regalo es la solidaridad con los niños, con los jóvenes, los pobres, los ancianos, los empresarios, los políticos; ante todo regalarle a Pereira mi mayor cuota de civismo.

¿Cuál es su legado para la ciudad?
Sin pecar de orgullo, de vanidad, lo único que he hecho es trabajar por la ciudad desde la Iglesia, desde la sociedad civil, haber trabajado 20 años en la Catedral fortaleciendo la Semana Santa, la logramos dejar como la segunda del país como un evento cultural – religioso que le dio nombre a Pereira, se logró constituir como un evento atractivo y de expresión religiosa. También dejo una obra a la que le he puesto toda mi alma y corazón que es Manos Unidas, una Fundación que hice con muchas personas hace 21 años, que trabaja por los niños en Villasantana, en Las Brisas, en El Danubio, llegamos allá cuando apenas se pensaba en un colegio, logramos hacer el colegio de 0 a 11, es una obra que se ha hecho con la Alcaldía, los gremios, el sector empresarial, muchas personas que han colaborado con el objetivo de que esos niños cumplieran el primer sueño de educarse, de alejarse de la droga, del vicio.

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