Planeador de ciudad
Gustavo Orozco Restrepo
Dos veces alcalde de Pereira, fue el último nombrado por
decreto antes de que se diera la elección popular. Le atribuyen ser el ideólogo
y gestor de una nueva generación de dirigentes liberales dentro del Movimiento
de Unidad Liberal presidido por el senador Óscar Vélez Marulanda.
Es ingeniero civil, se desempeñó como secretario de
Planeación Municipal a finales de los años 70, fue el autor del diseño del plan
de desarrollo conocido como el Plan Mendoza y Olarte, el primer estudio de
prospectiva de planeación de ciudad de la Pereira moderna. Conoce la estructura
social, económica, política de Pereira, ha contribuido a definir los perfiles
del desarrollo urbano de la ciudad.
Fue nombrado cónsul de Colombia en La Habana,
Cuba, por el presidente César Gaviria, donde permaneció por más de 15 años.
Viaja con frecuencia a Montreal, Canadá, donde tiene familia y negocios.
Actualmente preside el Comité Pro Sesquicentenario de Pereira.
¿Cuál es la Pereira que
añora y que pudo disfrutar en el pasado?
Las ciudades son organismos vivos que no pueden dejar de crecer. Uno
observa cómo ha evolucionado y no añora la ciudad de algún momento, se recuerda
con mucho cariño, cuando era más pequeña, más tranquila. Ahora no es que haya
desmejorado, tiene que enfrentar nuevas situaciones, incluso la anterior era
más desprovista de herramientas de planeación, de prospectiva. Caminar era más
tranquilo, con parques más tranquillos, calles más descongestionadas, pero no
añoro con pesar sino como un gran recuerdo donde se vivieron años felices de
juventud.
¿La ciudad tuvo una
década floreciente en su recuerdo? ¿Por qué cree que lo fue?
Tuvo una época muy importante, antes de mi recuerdo, cuando se asomó en los
años 40 y 50 a nuevos retos de desarrollo, poco antes del establecimiento de los
servicios públicos modernos, el crecimiento comercial, económico, la llegada
del ferrocarril en los años 20, una década floreciente en lo económico y
cultural que se debió a la importancia de la industria cafetera en la vida
nacional.
¿Qué lugar público
extinto cree que nunca debió desaparecer?
Hay uno muy importante: El Páramo. Era de gran importancia cultural, lo que
representaba desde el punto vista de la cultura, de los bambucos, era
multiclasista, diverso en personas de origen económico y social.
Mencione un personaje que haya marcado la historia de Pereira. ¿Por qué lo selecciona?
De los que conocí, don Gonzalo Vallejo Restrepo. Tuvo gran influencia
económica, política, social. Muchas personas recibimos de él consejos
ecuánimes, ejemplos como administrador, como hombre, como persona, como ciudadano
importante para la sociedad. No es el único, pero si elegimos, él es
trascendental en la vida de la ciudad.
Hoy la ciudad tiene una dinámica propia muy particular. ¿Podría definirla en una palabra?
La diversidad.
¿La Pereira actual qué
significa para usted?
Un gran reto. Nuevas realidades la acosan, la necesidad de reconocer la
importancia del desarrollo, de la integración regional y la integración a las
nuevas realidades mundiales como la globalización. El reto de solucionar muy
grandes sociales problemas que se han
venido acumulando por una gran migración no seleccionada, aprovechar las oportunidades
como la ubicación geográfica.
¿Por cuál calle de
Pereira le gustaría caminar con tranquilidad? ¿Por qué?
Lo que históricamente pueden representar la carrera séptima y la octava,
indiscutiblemente es muy grande, tienen trascendencia histórica en la ciudad. Más
la séptima que era la calle real, está llena de recuerdos e historia.
¿Cuáles son las
fortalezas de la Pereira actual?
Las posibilidades regionales, de las que se desprende esa diversidad
inmersa en la región. Hay potencialidades muy grandes por la diversidad
cultural, por la posibilidad económica que tiene dentro de una región muy
importante para el futuro de país.
¿Quiénes son los
llamados a soñar la ciudad del futuro?
En general todos los ciudadanos, obviamente, pero no es lugar común decir
que quienes más oportunidades tienen porque están más cerca de los nuevos
conocimientos y apreciar mejor la importancia de la sociedad del conocimiento,
de la ciencia, de la tecnología, de la innovación, del emprendimiento,
indiscutiblemente son los jóvenes, en todas las partes del mundo ellos son un ejército
de reserva.
Se prevé el diseño de una Calle de la Fundación (calle 19). ¿Qué piensa de esa propuesta?
En el proyecto de la Pereira de hoy lo que se puede planear es la Calle Fundación
que ojalá en el futuro podamos caminar todos con mucha seguridad, con oportunidades
de disfrutar cosas interesantes y tenga contemporaneidad notable. Desde el punto
de vista de renovación urbana, el diseño de nueva ciudad ligada al reconocimiento
de los ríos como lugares creadores de espacios para la cultura, el intercambio
social, la integración, la inclusión, representan un papel muy importante en el
tejido urbano. Es la calle que va comunicar el sector urbano, de manera más clara,
a los ríos Otún y Consota, nos puede integrar de manera más tranquila con
Dosquebradas utilizando nuevos modelos de movilidad alternativos. Es algo que debemos
hacer y que tiene a lo largo valores históricos muy importantes: comienza desde
el río Consota, el Salado, el Parque de Arqueología, el parque Olaya Herrera, la
Plaza de Bolívar, el Museo Histórico y Arqueológico de la Catedral, la Plaza de
la Fe, el Antiguo Viacrucis, la Calle de las Aromas, todo esto integrando de manera
armónica a la zona de renovación urbana Ciudad Victoria, el Bulevar Victoria, a
los hechos culturales que se pueden desarrollar allí.
Si en sus manos estuviera la posibilidad, ¿qué le regalaría a Pereira?
Un gran proceso de visión de ciudad donde se aventure a construir un futuro
de calidad de vida mejor. Tenemos una plataforma ambiental valiosísima. El
mejor regalo es el reconocimiento de ese gran potencial que tenemos como
territorio sostenible donde los ríos son un activo poderosísimo.
¿Cuál es su legado para
la ciudad?
Muy difícil. El que quisiera es el que acabo de decir. Abatiendo la
modestia, creo que una cosa, en algún momento, ha sido la dedicación para que
reconozcamos la necesidad de construir una ciudad hacia futuro basada en las oportunidades
de la sociedad del conocimiento y en el gran activo que tenemos para un
desarrollo sustentable. Insistir en algo que no se inventa, pero que ha estado
olvidado, que es la resignificación de los ríos.
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