Coleccionista de ciudad
Jaime Ochoa Ochoa
Profesor de Historia del Arte, de Español y Literatura,
de Taller y Teoría Audiovisual y de Fotografía en varios colegios y
universidades de la ciudad. Fundador y director del Centro de Documentación e
Investigación Literaria del Eje Cafetero, miembro fundador y Secretario General
de la Academia Pereirana de Historia, coeditor y editor de libros y revistas.
¿Cuál es la Pereira que
añora y que pudo disfrutar en el pasado?
Es la de mi niñez, de mi juventud y la actual. Para mi Pereira es una
añoranza que sigo viviendo, es un sueño dorado, la fantasía de vivir en la
mejor ciudad del mundo. Aquí me siento no solo pereirano, me siento ciudadano
universal. Añoro de la infancia mis amigos que todavía conservo desde cuando
viví en la misma casa mis primeros 18 años de vida. Las personas con las que
estuve en el bachillerato, en la universidad siguen siendo mis grandes
amistades, o sea que mi añoranza es permanente.
¿La ciudad tuvo una
década floreciente en su recuerdo? ¿Por qué cree que lo fue?
El año 1974 fue un año vital, importantísimo para mi vida porque lo fue
también para la ciudad que es mi vida. Pereira se empezó a modernizar con el
centenario en 1963, pero realmente la modernidad y su proyección al futuro se
dan en el año 74 con la celebración de los X Juegos Nacionales. Se hicieron los
edificios de Invico, los bloques multifamiliares de la carrera séptima y octava
con calles 35 y 37. Se lanzó Pereira en busca de un futuro y todavía lo hace,
pero proyectada.
¿Qué lugar público
extinto cree que nunca debió desaparecer?
El Lago como tal, era bellísimo, la caseta del Lago. No debió desaparecer
la fachada de la Fábrica de Licores que existía en Pereira frente al actual
Palacio de Justicia, en la séptima con 40 y 41. Aún existe el monasterio de las
Carmelitas Descalzas, es una remembranza espectacular de la Pereira de los años
50 y que los pereiranos no olvidan porque en un momento la ciudad se extendió hasta
ese lugar, desapareció el Cementerio Laico, era el Cementerio Masón en la 30 de
Agosto con calle 27.
Mencione un personaje
que haya marcado la historia de Pereira. ¿Por qué lo selecciona?
Un personaje que marcó, marca y marcará la historia de Pereira es Luis
Carlos González. Fue el hombre que nos enseñó a amar intensamente esta ciudad,
solo por esa pasión de Luis Carlos por Pereira es que vale la pena tener
siempre ese personaje. Otro que perdió Pereira mucho antes de morir es Euclides
Jaramillo Arango, fue alcalde de Pereira y de Armenia, fundó la Universidad del
Quindío y proyectó la vida cultural del Quindío. El poeta Eduardo López
Jaramillo es una pérdida incalculable y a nivel de los políticos creo que…
ninguno, todos pasan y queda un vago recuerdo que afortunadamente se difumina,
se esfuma en la memoria del tiempo.
Hoy la ciudad tiene una
dinámica propia muy particular. ¿Podría definirla en una palabra?
Vital.
¿La Pereira actual qué
significa para usted?
Absolutamente todo, el pasado, el presente, el futuro reunidos en una
Pereira vibrante, ágil, dinámica, que sigue a pesar de sus malos dirigentes, a
pesar de la falta de civismo, no de los ciudadanos, de sus políticos que no son
de Pereira, porque tenemos que importar gobernadores, alcaldes, senadores, y
los pereiranos dónde estamos? Se acabó la casta política pereirana.
¿Por cuál calle de
Pereira le gustaría caminar con tranquilidad? ¿Por qué?
Yo camino con tranquilidad por casi todas las calles, pero me gusta
muchísimo transitar por la séptima, es la que más me gusta, aunque la sexta, a
pesar de Megabús, crea un espacio con un poco de paz por la falta del tránsito
automotor. La séptima es punto de encuentro, es la calle más larga que tiene
Pereira, es la calle que le da vida a nuestra ciudad.
¿Cuáles son las
fortalezas de la Pereira actual?
Hay una fortaleza que falta por explorar, es el civismo, la parte política
del ciudadano, no la política vulgar que tenemos de administradores. Nos falta
por explorar más la capacidad del pereirano de ser creativos, amorosos por la
ciudad. Como decía José Hurtado García, un caldense: “Pereira es una urbana
refutación de la tristeza”, y lo reafirmaba Luis Carlos González: “Pereira es
una fiesta”, creo que con tanta gente que nos llega es una fiesta, multicolor,
multiétnica. Pereira es cívica, es vida, energía. Eso es lo que falta: explorar
más en el corazón y el alma de sus ciudadanos.
¿Quiénes son los
llamados a soñar la ciudad del futuro?
Somos los pereiranos todos, es la actual dirigencia que no sueña en
Pereira, que se adueña de los sueños de los pereiranos. Y llamados a ser ese
futuro son las generaciones que estamos formando. Espero como educador, como
investigador, como un amante de la ciudad, de su gente, de su dinamismo creo
que a la juventud hay que inculcarle más formación, más amor por este terruño.
Se prevé el diseño de una Calle de la Fundación (calle 19). ¿Qué piensa de esa propuesta?
En medio de tantas cosas, Pereira tiene muchas fallas en el diseño de
ciudad. Aquí solo porque un político vive en la calle 22 entre séptima y
octava, y dice que hay que cerrarla porque a él le estorban los carros,
entonces se hace una calle peatonal. Viene el Megabús y se toma una cantidad de
calles, es absurdo que la calle 24 que da acceso a lo que antiguamente
llamábamos San Jerónimo, esté cerrada por dos cuadras que transita el Megabús
entre la octava y la décima, el ciudadano no la puede disfrutar ni siquiera
caminándola. El diseño de la 19 lo que haría es cerrar otra calle, es
importante hacerlo, pero primero pensar en qué beneficios le quedan a la ciudad
con tantas calles y carreras cerradas, donde el Centro es tan pequeño, cerrar
más calles es absurdo.
Si en sus manos estuviera la posibilidad, ¿qué le regalaría a Pereira?
Le he regalado y le sigo regalando todo mi amor, la fuerza, la dignidad, la
honestidad mía y de los ciudadanos, la posibilidad de un futuro próspero y
digno, con vivienda, salud educación, con políticos dignos. Eso le regalaría.
¿Cuál es su legado para
la ciudad?
Una gran colección, desafortunadamente es lo único que tengo como
patrimonio, es mi biblioteca. Alguna vez un personaje ilustre me propuso
donarla a la ciudad, mi respuesta fue: ¿por qué los políticos no le donan un
carro, un apartamento o una finca a la ciudad? Son unos 35 mil libros. Además
tengo un trabajo de investigación sobre todo eso que se ha conseguido, todos
los libros y una pinacoteca con alrededor de 300 obras de artistas
risaraldenses. Sería un legado grande si pudiéramos concretar un espacio donde
esa biblioteca tenga un lugar digno y donde los ciudadanos puedan disfrutarla.
Jaime Ochoa lee su entrevista publicada en el especial
de dos años del Periódico Vecinos.
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