lunes, 19 de noviembre de 2012

Especial / Entrevista


Coleccionista de ciudad


Jaime Ochoa Ochoa

Profesor de Historia del Arte, de Español y Literatura, de Taller y Teoría Audiovisual y de Fotografía en varios colegios y universidades de la ciudad. Fundador y director del Centro de Documentación e Investigación Literaria del Eje Cafetero, miembro fundador y Secretario General de la Academia Pereirana de Historia, coeditor y editor de libros y revistas.



¿Cuál es la Pereira que añora y que pudo disfrutar en el pasado?
Es la de mi niñez, de mi juventud y la actual. Para mi Pereira es una añoranza que sigo viviendo, es un sueño dorado, la fantasía de vivir en la mejor ciudad del mundo. Aquí me siento no solo pereirano, me siento ciudadano universal. Añoro de la infancia mis amigos que todavía conservo desde cuando viví en la misma casa mis primeros 18 años de vida. Las personas con las que estuve en el bachillerato, en la universidad siguen siendo mis grandes amistades, o sea que mi añoranza es permanente.

¿La ciudad tuvo una década floreciente en su recuerdo? ¿Por qué cree que lo fue?
El año 1974 fue un año vital, importantísimo para mi vida porque lo fue también para la ciudad que es mi vida. Pereira se empezó a modernizar con el centenario en 1963, pero realmente la modernidad y su proyección al futuro se dan en el año 74 con la celebración de los X Juegos Nacionales. Se hicieron los edificios de Invico, los bloques multifamiliares de la carrera séptima y octava con calles 35 y 37. Se lanzó Pereira en busca de un futuro y todavía lo hace, pero proyectada.

¿Qué lugar público extinto cree que nunca debió desaparecer?
El Lago como tal, era bellísimo, la caseta del Lago. No debió desaparecer la fachada de la Fábrica de Licores que existía en Pereira frente al actual Palacio de Justicia, en la séptima con 40 y 41. Aún existe el monasterio de las Carmelitas Descalzas, es una remembranza espectacular de la Pereira de los años 50 y que los pereiranos no olvidan porque en un momento la ciudad se extendió hasta ese lugar, desapareció el Cementerio Laico, era el Cementerio Masón en la 30 de Agosto con calle 27.  

Mencione un personaje que haya marcado la historia de Pereira. ¿Por qué lo selecciona?
Un personaje que marcó, marca y marcará la historia de Pereira es Luis Carlos González. Fue el hombre que nos enseñó a amar intensamente esta ciudad, solo por esa pasión de Luis Carlos por Pereira es que vale la pena tener siempre ese personaje. Otro que perdió Pereira mucho antes de morir es Euclides Jaramillo Arango, fue alcalde de Pereira y de Armenia, fundó la Universidad del Quindío y proyectó la vida cultural del Quindío. El poeta Eduardo López Jaramillo es una pérdida incalculable y a nivel de los políticos creo que… ninguno, todos pasan y queda un vago recuerdo que afortunadamente se difumina, se esfuma en la memoria del tiempo.

Hoy la ciudad tiene una dinámica propia muy particular. ¿Podría definirla en una palabra?
Vital.

¿La Pereira actual qué significa para usted?
Absolutamente todo, el pasado, el presente, el futuro reunidos en una Pereira vibrante, ágil, dinámica, que sigue a pesar de sus malos dirigentes, a pesar de la falta de civismo, no de los ciudadanos, de sus políticos que no son de Pereira, porque tenemos que importar gobernadores, alcaldes, senadores, y los pereiranos dónde estamos? Se acabó la casta política pereirana.


¿Por cuál calle de Pereira le gustaría caminar con tranquilidad? ¿Por qué?
Yo camino con tranquilidad por casi todas las calles, pero me gusta muchísimo transitar por la séptima, es la que más me gusta, aunque la sexta, a pesar de Megabús, crea un espacio con un poco de paz por la falta del tránsito automotor. La séptima es punto de encuentro, es la calle más larga que tiene Pereira, es la calle que le da vida a nuestra ciudad.

¿Cuáles son las fortalezas de la Pereira actual?
Hay una fortaleza que falta por explorar, es el civismo, la parte política del ciudadano, no la política vulgar que tenemos de administradores. Nos falta por explorar más la capacidad del pereirano de ser creativos, amorosos por la ciudad. Como decía José Hurtado García, un caldense: “Pereira es una urbana refutación de la tristeza”, y lo reafirmaba Luis Carlos González: “Pereira es una fiesta”, creo que con tanta gente que nos llega es una fiesta, multicolor, multiétnica. Pereira es cívica, es vida, energía. Eso es lo que falta: explorar más en el corazón y el alma de sus ciudadanos.

¿Quiénes son los llamados a soñar la ciudad del futuro?
Somos los pereiranos todos, es la actual dirigencia que no sueña en Pereira, que se adueña de los sueños de los pereiranos. Y llamados a ser ese futuro son las generaciones que estamos formando. Espero como educador, como investigador, como un amante de la ciudad, de su gente, de su dinamismo creo que a la juventud hay que inculcarle más formación, más amor por este terruño.

Se prevé el diseño de una Calle de la Fundación (calle 19). ¿Qué piensa de esa propuesta?
En medio de tantas cosas, Pereira tiene muchas fallas en el diseño de ciudad. Aquí solo porque un político vive en la calle 22 entre séptima y octava, y dice que hay que cerrarla porque a él le estorban los carros, entonces se hace una calle peatonal. Viene el Megabús y se toma una cantidad de calles, es absurdo que la calle 24 que da acceso a lo que antiguamente llamábamos San Jerónimo, esté cerrada por dos cuadras que transita el Megabús entre la octava y la décima, el ciudadano no la puede disfrutar ni siquiera caminándola. El diseño de la 19 lo que haría es cerrar otra calle, es importante hacerlo, pero primero pensar en qué beneficios le quedan a la ciudad con tantas calles y carreras cerradas, donde el Centro es tan pequeño, cerrar más calles es absurdo.

Si en sus manos estuviera la posibilidad, ¿qué le regalaría a Pereira?
Le he regalado y le sigo regalando todo mi amor, la fuerza, la dignidad, la honestidad mía y de los ciudadanos, la posibilidad de un futuro próspero y digno, con vivienda, salud educación, con políticos dignos. Eso le regalaría.

¿Cuál es su legado para la ciudad?
Una gran colección, desafortunadamente es lo único que tengo como patrimonio, es mi biblioteca. Alguna vez un personaje ilustre me propuso donarla a la ciudad, mi respuesta fue: ¿por qué los políticos no le donan un carro, un apartamento o una finca a la ciudad? Son unos 35 mil libros. Además tengo un trabajo de investigación sobre todo eso que se ha conseguido, todos los libros y una pinacoteca con alrededor de 300 obras de artistas risaraldenses. Sería un legado grande si pudiéramos concretar un espacio donde esa biblioteca tenga un lugar digno y donde los ciudadanos puedan disfrutarla.

Jaime Ochoa lee su entrevista publicada en el especial
 de dos años del Periódico Vecinos.

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