martes, 13 de noviembre de 2012

Especial / Entrevista

Hombre público



Juan Guillermo Ángel Mejía 

Ingeniero industrial de la Universidad Tecnológica de Pereira  -graduado como estudiante distinguido- Magíster en Educación de Adultos y Desarrollo de la Comunidad de la Universidad de Manchester, Inglaterra, con estudios en Administración de Empresas con especialidad en cuero y calzado en SUPRO, Checoslovaquia.


Empresario, gerente y promotor de empresas como la Industria Panamericana de Metales, la Empresa Colombiana Productora de Seda Cokosilk, el Hotel de Pereira, entre otras.

Presidente del Concejo Municipal de Pereira, Rector de la Universidad Tecnológica, Presidente de la Comisión Sexta del Senado y Presidente del Senado. Vicepresidente del Parlamento Latinoamericano por Colombia, Miembro de la Academia de Ciencias Geográficas de Colombia, miembro de la Academia de Historia de Risaralda. Representante de los rectores de las universidades ante el Consejo Directivo del Icfes. Asesor de la Presidencia de la República para San Andrés y Providencia, miembro del Consejo Superior de la UTP. Actualmente es gerente del periódico La Tarde.


¿Cuál es la Pereira que añora y que pudo disfrutar en el pasado?
La querendona, trasnochadora y morena, la ciudad de la cual nos sentíamos dueños los pereiranos, de la cual nosotros participábamos en todo su desarrollo. Las fiestas del centenario de Pereira las hizo la gente, no las hizo el Gobierno, fueron muy lindas, muy esplendorosas. Cuando fui alcalde, convoqué a la ciudad para cualquier gesta cívica y respondían de buena manera. Se ha perdido mucho la identidad del pueblito, como decía Luis Carlos Gonzáles: “Porque se volvió ciudad, se perdió mi pueblo pequeño”.

¿La ciudad tuvo una década floreciente en su recuerdo? ¿Por qué cree que lo fue?

Sin ninguna duda, tuvo unas épocas de esplendor, se distinguió sobre todas las ciudades de su entorno, logró salir adelante por sus propios medios, por el esfuerzo de sus habitantes, por el civismo de sus gentes, por una clase política productiva y seria. Produjo una generación muy importante en la vida nacional y en la vida local, no hay duda de eso.

¿Qué lugar público extinto cree que nunca debió desaparecer?
No me gustó lo que hicieron con el Lago Uribe Uribe. Haberle montado un edificio allí es estrambótico, no se compadece con su entorno haberle modificado eso. No estuve de acuerdo, no me gustó lo que desapareció de unos emblemas de la ciudad.

Mencione un personaje que haya marcado la historia de Pereira. ¿Por qué lo selecciona?
Singularizar uno, muy difícil. Me voy a atrever a mencionar uno, con el cual obviamente no soy objetivo: Guillermo Ángel Ramírez (su padre). Fue un hombre que lideró todas las campañas cívicas importantes en Pereira: participó en la creación de la Sociedad de Mejoras Públicas, trajo la seccional de la Andi a la ciudad, autor del proyecto de Ley y creación de la UTP, prácticamente precursor de la gesta del Departamento de Risaralda, precursor en el tema del periodismo con El Diario del Quindío, el tema del Hospital a través del Reinado de la Caridad del que fue protagonista mi madre, es muy difícil encontrar una de las epopeyas de la historia de la ciudad en la cual él no hubiera sido protagonista sin mucho renombrón. Él no era una persona que estuviera detrás de los focos para salir en las primeras planas.

Hoy la ciudad tiene una dinámica propia muy particular. ¿Podría definirla en una palabra?
“Megalocefalia”, está creciendo demasiado sin orden. Debería encontrar la palabra precisa para eso, cuando algo crece sin orden es un tumor, pero no quisiera decir que Pereira es un tumor.

¿La Pereira actual qué significa para usted?
Sigue siendo la tierra de mis mayores. El centro de mis afectos, una ciudad que todavía conserva elementos que la hacen tener una calidad de vida muy buena comparada con el entorno. Sigue siendo el centro del centro del país, aquí vale la pena vivir, lástima que estemos con tan pobre dirigencia en el momento.

¿Por cuál calle de Pereira le gustaría caminar con tranquilidad? ¿Por qué?
Por la carrera sexta, allá patinaba yo cuando era niño, por la noche.


¿Cuáles son las fortalezas de la Pereira actual?
Ser el centro del centro de Colombia, eso no hay ninguna duda que es una fortaleza importante. La segunda es la laboriosidad, capacidad, esfuerzo de su gente. Aquí se atiende sin pereza, se trabaja sin pereza, se es diligente por naturaleza. Tiene un clima que no necesita de aires acondicionados, ni de abanicos, ni de abrigos. Está rodeada de muchas ciudades lo que le permite ser un centro importante, se está convirtiendo en una ciudad del conocimiento y del saber a través de múltiples centros educativos a pesar de que eso no le llega a todo el mundo y tenemos todavía grandes diferencias entre una clase educada y una que no lo es.

¿Quiénes son los llamados a soñar la ciudad del futuro?
Los jóvenes sin ninguna duda. A ellos les corresponde pensar en Pereira. Me parece que hay una generación perdida, que se olvidó un poco del ritmo que traía la ciudad y por ello lo que estamos dedicados ahora es a remendar y parchar, no a crear. Nos da miedo acometer nuevas empresas grandes.

Se prevé el diseño de una Calle de la Fundación (calle 19). ¿Qué piensa de esa propuesta?

Será muy bella los primeros días y será muy parecida a lo que es la calle 18 hoy día entre séptima y octava en un futuro no lejano.

Si en sus manos estuviera la posibilidad, ¿qué le regalaría a Pereira?
Una clase dirigente capaz, trabajadora, honrada y no demagoga, una clase dirigente honesta con su ciudad y comprometida con su pueblo. Eso le regalaría yo a Pereira y con eso saldría adelante.

¿Cuál es su legado para la ciudad?
No haber sido inferior al ejemplo que me dejaron mis mayores, haber participado también mucho en lo que ha sido la epopeya de Pereira. Como Alcalde creo que produje una transformación importante desde el punto de vista vial y urbanístico de la ciudad, desde el punto de vista de la convocatoria cívica, el desarrollo de los barrios de Pereira. No se olvidan de mí, estoy seguro. A través de la Universidad un salto gigantesco en lo que era entonces y lo que es hoy, como Congresista haberle dado lustro a mi ciudad y haber defendido sus intereses y ahora desde el periódico asumiendo una posición vertical, contando la verdad, sin temores y, claro, siempre buscando el beneficio de Pereira.

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