lunes, 12 de noviembre de 2012

Especial / Entrevista


Ojo en la realidad


Rodrigo Grajales

Licenciado en Español y Comunicación Audiovisual, candidato a Magister en Estética y Creación de la Universidad Tecnológica de Pereira. Desde hace varios años es docente catedrático en la misma universidad, en la Católica de Pereira y la Fundación Universitaria del Área Andina. Periodista gráfico free-lance para medios nacionales e internacionales. Expone sus trabajos de manera personal, fue nominado al premio nacional de periodismo Simón Bolívar 2010. 

Ha ganado en dos oportunidades el Premio bienal regional de periodismo Hernán Castaño Hincapié, fue acreedor del premio “Imagen regional” del Banco de la República. En 2010 ganó el Premio Nacional de Fotografía y tres menciones honoríficas en “Póngale el ojo al Patrimonio cultural en el bicentenario de las independencias”, del Ministerio de Cultura.


¿Cuál es la Pereira que añora y que pudo disfrutar en el pasado?
Cuando llegué en el año 1978 encontré una ciudad en etapa de transición muy fuerte. La séptima con sus casas de dos pisos, de la colonización antioqueña, estaban desapareciendo, teníamos el auge de la bonanza cafetera del 77 y empezaban a aparecer los dineros del narcotráfico, lo recuerdo por Pinares de San Martín. Las ciudades europeas conservan el casco histórico a diferencia de las ciudades colombianas que lo desaparecen y lo remplazan por nuevas construcciones.

¿La ciudad tuvo una década floreciente en su recuerdo? ¿Por qué cree que lo fue?
Aparentemente para la mayoría es la primera década del siglo XXI, que es el proyecto de renovación urbana de la ciudad. Para mi es una catástrofe por la complejidad de los problemas sociales que allí se dieron, la Galería, hoy Ciudad Victoria. En 2003 hice la obra  ‘Raspe y Gane, campos de batalla’, donde presenté la forma como fue este proceso de intervención urbana.

¿Qué lugar público extinto cree que nunca debió desaparecer?
La Plaza de Bolívar como era, su estructura bonita, el diseño del parque era en especie de rosetones hechos con guarda jardín rojo y amarillo, desde el aire se veía muy bonito. Era más acogedora, más bella, nos daba la idea de esos parques tradicionales con vegetación y cambió a una plaza fría, abierta, que no invita a entrar ni a estar.

Mencione un personaje que haya marcado la historia de Pereira. ¿Por qué lo selecciona?
César Gaviria sigue siendo un  personaje que tiene que ver con la aparición de Pereira en el contexto político nacional y porque introdujo, para mí, el catastrófico neoliberalismo con su apertura económica.

Hoy la ciudad tiene una dinámica propia muy particular. ¿Podría definirla en una palabra?
Móvil y adolescente.

¿La Pereira actual qué significa para usted?
Es una ciudad con fuertes transformaciones y transiciones, pero sobre todo una ciudad de inmigrantes y emigrantes. Significa eso, que es una ciudad de flujos vertiginosos, de transformaciones rápidas e interinfluencias múltiples. Una ciudad que se asume urbana, metrópoli, pero que conserva rasgos de pueblo, de ciudad pequeña. Siempre ha tenido imaginario de gran metrópoli y eso la ha hecho asumir ese crecimiento vertiginoso, porque se han invertido grandes capitales producto de los negocios lícitos e ilícitos que se dan en el país.

¿Por cuál calle de Pereira le gustaría caminar con tranquilidad? ¿Por qué?
La peatonal de la 22 entre séptima y octava, en la de la 18 que cerraron para dar espacio al ciudadano, al tránsito fluido y tranquilo, pero se convirtieron en calles estrechas de comercio informal. Lo mismo la Circunvalar, que debería ser una especie de  vía peatonalizada y se ha convertido en un tránsito vehicular muy rápido.

¿Cuáles son las fortalezas de la Pereira actual?
De alguna manera el pereirano sigue conservando rasgos de solidaridad, no como antes, lo dicen todos afuera. Otras ciudades no acogen al inmigrante. Eso hace honor a la ‘Ciudad sin puertas’, es abierta, permite al inmigrante crecer, desarrollar opciones como lo hace Nueva York, Bogotá, son ciudades abiertas.

¿Quiénes son los llamados a soñar la ciudad del futuro?
El gran problema de nuestras ciudades en Colombia y Latinoamérica es que no son planeadas para los niños, no la habitan, están confinados a las unidades residenciales, a los clubes. En la ciudad no se ven niños que la transiten, no se les ve jugando porque no fueron diseñadas para ellos, hay que pensarla para ellos. Estas se planean para las vías, para los autos, la velocidad es la que determina: la Belalcázar, la Avenida de las Américas, el Megabús.

Se prevé el diseño de una Calle de la Fundación (calle 19). ¿Qué piensa de esa propuesta?
Ha tenido la particularidad de ser la calle más fluida que integraba antes la ciudad porque después de Megabús la ciudad quedó fragmentada en tres partes: de la sexta para abajo, de la sexta a la 30 de Agosto y de la 30 de Agosto para allá. Esa calle integraba a la gente del sur con la del centro y la zona norte, incluso se pasaba por el puente al Viacrucis hasta Dosquebradas, era un flujo peatonal, un viaje interesante, con edificios importantes como el Gran Hotel, el Palacio Nacional. Me parece interesante.

Si en sus manos estuviera la posibilidad, ¿qué le regalaría a Pereira?
Deberíamos recuperar la solidaridad que tuvo la ciudad y a partir de la cual se construyó. A partir de convites la Sociedad de Mejoras Públicas cumplió una función importante, construyeron el aeropuerto, el zoológico, evocando esa tradición que tuvimos los colombianos, heredada de la minga indígena, de asociarse en convites de manera cívica para hacer grandes obras. Hoy tenemos delegado eso a los gobernantes que han convertido las obras públicas en su estrategia de corrupción.

¿Cuál es su legado para la ciudad?

Hace 10 años empecé a comprometerme con procesos documentales desde mi ejercicio fotográfico que es lo que puedo aportar a la memoria, un ejercicio sobre la región, tratando de documentar lo que es la vida del Eje Cafetero, especialmente en sitios de Risaralda y Caldas, este proyecto se me volvió de orden nacional. Es  el legado más fuerte que puedo dejar, es lo que he hecho desde el campo académico, empecé dando clases en universidades, en los pregrados en diferentes programas, a nivel privado le ayudo a toda persona que quiere, planeo diplomados en fotografía documental con el ánimo de generar muchos documentalistas en la región, un cuerpo de trabajo individual y colectivo que permita narrarnos porque no estamos dejando memoria de lo que somos. Los medios de comunicación narran la realidad desde las lógicas del poder económico y político.

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