Un Principito del arte
Martín Alonso Abad Abad.
De Jericó, Antioquia, llegó a Pereira con su
familia a los nueve años de edad. Estudió arquitectura en Medellín y Bogotá.
Como escultor ha expuesto sus obras en
varias ciudades del país. En 1987 obtuvo el primer puesto en el IV Concurso
Nacional de Novela Ciudad Pereira con su obra ‘Coclí, coclí, el que lo vi lo
vi’. En la actualidad vive de manera sencilla en el corregimiento de La
Florida, en su casa de “El Principito”.
¿Cuál es la Pereira que añora y que pudo disfrutar en el pasado?
Añorar es muy difícil, no añoro a Pereira sino que siga siendo cívica
porque ha perdido mucho, que siga siendo aseada, que vaya para adelante, que
siga siendo la ciudad más chévere del mundo, pero desgraciadamente se nos ha salido
de las manos tanto a políticos como a nosotros. Todo tiempo pasado fue mejor,
si le pregunta a un muchacho de 30 años, él también habla de su pasado. El de
nosotros fue muy bueno, el de ellos va a ser otro pasado chévere.
¿La ciudad tuvo una década floreciente en su recuerdo? ¿Por qué cree que lo
fue?
Todas las recuerdo. Estoy desde el año 1948 en la ciudad y me ha encantado
venirme desde mi pueblo, nos trajeron de Jericó, Antioquia, llegamos a Pereira
afortunadamente porque era muy chévere. Era, porque ahora tanto mugre, tanta
gente tan maleducada, tan sucias las calles, tan llenas de mercancías, eso se
volvió un mercado persa desorganizado. Si fuera organizado como otras ciudades
sería muy lindo, pero esa desorganización es impresionante.
¿Qué lugar público extinto cree que nunca debió desaparecer?
La Galería. Tuvo que haber sido un estudio más interesante. Eso fue una
alcaldada, les dio por quemarla, por explotarla y me parece que esa
construcción estaba supremamente bellísima y ahí se pudo haber hecho el Lucy
Tejada.
Mencione un personaje que haya marcado la historia de Pereira. ¿Por qué lo
selecciona?
Luis Carlos González, porque es una persona supremamente interesante, sus
poemas, sus comentarios, su vida en Pereira, la manera como la quiso. Me
encanta ese personaje.
Hoy la ciudad tiene una dinámica propia muy particular. ¿Podría definirla
en una palabra?
Muy difícil para mi porque yo no vivo en ella. He oído unos cuentos: que se
va a ir el aeropuerto, que lo iban a quitar, esa es la lástima más grande del
mundo; pero que hagan los políticos lo que ellos quieran.
¿La Pereira actual qué significa para usted?
Desorganización.
¿Por cuál calle de Pereira le gustaría caminar con tranquilidad? ¿Por qué?
Ninguna calle está buena. Antes era caminable la sexta, el Centro, podía
ver vitrinas, eso era de los programas chéveres, pero ahora quién deja ir a ver
vitrinas con tanto negocio desorganizado.
¿Cuáles son las fortalezas de la Pereira actual?
Su gente.
¿Quiénes son los llamados a soñar la ciudad del futuro?
La gente joven, pero los jóvenes están muy perdidos. Me alegro mucho que
vivan tan rico, pero no es una ciudad que les pertenece, no tienen pertenencia
de ciudad, no piensan sino en la parranda, en lo rico, en que pasan bien bueno.
Se prevé el diseño de una Calle de
la Fundación (calle 19). ¿Qué piensa de esa propuesta?
No sabía. Eso para ampliar es muy difícil, hay unos edificios que son
intocables, no sé qué irán a hacer, no puedo hablar sobre ese proyecto. Si es
volverla peatonal tienen que pensar en que debe haber más vías. Cerrar vías…
sin vías no se desarrolla bien Pereira. Muy bueno que se esté pensando en el
peatón, pero abren una calle peatonal y la llenan de mercado, de cosas y los
peatones que comamos rila. Mire la 18 y la 22: son peatonales y no las
respetan, les quitan el espacio público.
Si en sus manos estuviera la posibilidad, ¿qué le regalaría a Pereira?
Mi corazón.
¿Cuál es su legado para la ciudad?
Lo que hecho allá, lo que hice y sigo haciendo porque no he dejado a
Pereira, la quiero mucho. Lo que he hecho con el arte mío, desde el año 1968,
hice exposiciones en la Plaza de Bolívar para el público en general, no como en
las galerías porque el público les tiene mucho miedo, creen que cobran. Los
gamines eran los que más gozaban, los pordioseros, la misma gente gozaba mucho
con mis exposiciones allá en la Plaza. Hice ocho exposiciones, pero dejé de
politiquear, era una politiquería y salí bravo del municipio, salí alegando
porque los políticos de esa época eran ignorantes, me tocaba luchar mucho para
pedirles espacio, el único que me ayudó fue Juan Guillermo Ángel, que me abrió
espacios.
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